“…Solo cuando nuestro tiempo posee la calidad de la despedida y del nuevo comienzo será un tiempo cumplido…” Anselm Grün. El Misterio del tiempo. El arte de vivir según la sabiduría de los monjes.
Esta madrugada, no serían más de las tres de la mañana, cuando terminé un proyecto de sentencia en la que trabajé a lo largo de muchas semanas, parece un contrasentido hablar de la justicia expedita, cuando para quienes laboramos en la administración de justicia se amÉrita en muchos casos, tiempo para decidir el destino de alguien, a quien no por casualidad la vida nos cruza en su vida para decidir por éste. Luego de leer varias veces mi decisión, sentí mucha tranquilidad, la satisfacción del deber cumplido y la sensación que siempre nos embarga cuando presentimos o tenemos la certeza de una despedida; no puedo decir que fuí sorprendida por esta sensación, ya hace tiempo me resulta familiar, tanto que ahora solo me pregunto a qué o a quien debo decir adios ahora?, que ciclo debo cerrar?.
Como respuesta a mi interrogante, indubitablemente surgió de mis adentros el aspecto profesional, laboral…e inmediatamente supe que debía comenzar a prepararme para cerrar mi ciclo en el Poder Judicial, despedirme de la actividad que con probidad, vocación, responsabilidad, honestidad pero sobretodo con mucho amor realizo desde lo que muy pronto serán 17 años, se dicen rápidos y faciles mis años de servicios, pero, cuando se miran en retrospectiva y bajo consciendudo balance, me doy cuenta que hice de la vida tribunalicia casi mi “modus vivendi”. Años en la jurisdicción penal, otros tantos en la jurisdicción de Protección, horas infinitas de guardias, censos penitenciarios, cientos y cientos de folios de expedientes, otros cientos más de ellos de revisión, sustanciación, horas de sueño, de llantos, de risas, de amistades bien ganadas, de enemigos gratuitos otros no tan “free”, mucha satisfacción, nostalgia por quienes ya nos están pero fueron trascendentales en mi formación laboral y personal, horas de luchas por reinvindicaciones laborales, tiempo de mi hija Fedora quien compartió su niñez con mi tiempo de carrera universitaria, con mi tiempo de amanuence…ufff! podría nunca acabar de contar lo que en casi 17 años de vida laboral he acumulado…sin embargo, tengo la certeza que mi tiempo de judicialidad ha caducado ó está por hacerlo, mi despedida forzosa o voluntaria se acerca y, pese a que mi parte humana se resiste y grita escandalozamente desde el miedo que así no sea, mi plano de consciencia sabe que debe proceder el cambio en mi vida, la transformación es un fenómeno que ha operado en los últimos dos años vividos, no entendía por qué, ahora lo sé, como también sé que todo cuanto deba cerrarse será para dar paso a mi bienestar, a mi crecimiento, a mi evolución, para lograr lo que deseo y merezco.
Saber reconocer una despedida, nos evita sufrimientos que exceden lo necesario…obviamente, toda despedida lleva implícita una ruptura, un cierre, un adios, un duelo y con ello sobreviene el dolor, el luto, nos preguntamos entonces…qué es lo que evitamos con saber cuando debemos despedirnos si de igual manera padeceremos, pues, llanamente reconocer despedirnos a tiempo, teniendo el sentido de oportunidad para ello no alargará más de lo justo esa sensación de pérdida, de temor, de inseguridad a lo próximo por llegar, a dudar si efectivamente llegará.
Leyendo a Anselm Grün y su libro ” El Misterio del Tiempo. El arte de vivir según la sabiduría de los monjes”, de donde extraje la cita que encabeza mi post, encontré hace semanas atras lo siguiente: “…sin despedida y nuevo comienzo, el tiempo será aburrido. Será siempre igual. No se resuelve nada. Sin despedida arrastro el pasado conmigo. Y, en algún momento, el peso será excesivo. El tiempo se renueva si me despido del pasado para comenzar lo nuevo intacto...”, cuando leí estas lindas y sabias líneas de Grün, las contextualice en mi ámbito personal, esta madrugada al recordarlas las extrapole a mi ámbito laboral y concluí que sin lugar a dudas emprendí el camino para despedirme de un Tribunal, no sé si del Derecho, es una de mis pasiones el mundo jurídico, lo que no puedo decir de mi primera carrera universitaria, la que con cierto pesar, pero, sin remordimiento afirmo ahora solo engrosa mi bagaje académico.
El derecho trajo a mi vida las mejores cosas, oportunidades maravillosas de desempeño laboral, de adquirir conocimientos, de conocer personas brillantes y púlidas juridicamente hablando…otras que ciertamente avergüenzan al gremio, pero, que nunca harán mayor peso ante lo beneficioso obtenido. El derecho, me condujo más allá del sendero de la profesionalización, conocí a Marcos cuando ambos estudiabamos la carrera, la hicimos juntos desde el primer año hasta lanzar nuestros birretes al aire en el mismo acto de grado, nos enamoramos, vivimos juntos durante diez años, nos casamos para vivir casi ocho años de matrimonio, llegó María Aurora a nuestras vidas y, hoy a pesar de estar divorciados, ambos recordamos lo que la facultad de derecho a parte del titulo nos concedió como un “plus”. El derecho me regaló la oportunidad de ingresar a la Escuela Nacional de la Magistratura, para formación de Jueces, lo que como regalo extraordinario de la vida, me daría un denominador común con el ser más increíble y especial de mi vida luego de mis tesoros, por muchas cosas más sé con certeza que mi despedida del mundo tribunalicio está escrito, más no puedo asegurarlo del mundo jurídico….
Cuando llegue el momento de cerrar ese ciclo, le pido a Diosito, me regale la fortaleza, la confianza, pero sobretodo la inmensa felicidad de retirarme con la plena satisfacción de quien dió lo mejor de sí a lo largo de todos estos años, que a pesar de ser considerada como reaccionaria, contestataria, rebelde, pero, nunca irrespetuosa, grosera, deshonesta, injusta o ignorante del derecho,coseche el reconocimiento de compañeros de jornada, de superiores, del usuario, tal vez mi despedida no sea tan inminente como presiento, tal vez Dios tenga para mi aún algo más para regalarme dentro del Despacho Judicial…pero lo importante ahora es que ésta madrugada supe reconocer que la despedida a los días de despacho, más tarde ó más temprano llegará y no me tomará por sorpresa…
Con Dios estamos.