De vuelta… seis de Diciembre celebramos el segundo Domingo de Adviento. En mi post anterior hice público mi deseo de entregar a lo largo de este tiempo de preparación, mi reflexión de cada domingo y muy complacida hoy honro mi palabra.
Quien no ha escuchado hablar de la esperanza mesiánica? El pueblo de Israel fue la representación más emblemática y representativa de la misma. Israel, no deseaba un reino carcomido por el aspecto mundano; su esperanza como pueblo reposaba en un tiempo de paz, en la llegada de un reino donde toda aflicción humana fuese inexistente, donde no tendría cabida el dolor, la discriminación, la desigualdad, el sufrimiento y la muerte. Su anhelo concebía la venida de un Reino más allá de la tierra, pues vendría del cielo y cuya majestad y poder abarcaría los sinfines del mundo, el Poder Divino del Mesías. Juan ”El Bautista“, es quien lo mismo que el Angel Gabriel le fue encomendada la misión de hacer el anuncio de buenas nuevas, pues, es él quien anuncia al Pueblo de Israel, que en Jesús todas esos deseos y esperanzas se verán materializados. Así lo dice la Palabra Santa, al dar a conocer al mundo el dicho de el Bautista “…El Señor nos había hablado por medio de los profetas, pero ahora en los últimos tiempos nos ha hablado por medio del Hijo amado El Señor nos había hablado por medio de los profetas, pero ahora en los últimos tiempos nos ha hablado por medio del Hijo amado…” (Cfr. Hb 1,1-2). Ya lo había dicho Juan…Jesús es el que viene en nombre del Señor.
Este Segundo Domingo de Adviento, es una invitación a meditar sobre la Esperanza, ha prepararnos en este tiempo de espera a la llegada del Niño Dios. Pero, que debemos entender por Esperanza? pareciera que la connotación cristiana nos alude a una promesa, a una oferta muy ambiosa, pues es en la venida del Reino de Dios, donde cada uno de sus hijos vivirá en todo su esplendor, resulta un ofrecimiento capaz de enganchar al más inmutable de los seres, de qué hablamos? de una promesa sin garantía de cumplimiento?…
Yo, particularmente creo en el Dios Vivo, Dios mora y habita en cada uno de nosotros, su Esencia Divina reside en nuestro interior, solo es cuestión de reconocerla. Su promesa está cumplida…esa sobre la que se fundamenta la esperanza mesiánica; Dios en su infinito amor nos regala la posibilidad de materializar nuestro “Cielo” aquí en la “Tierra”, de cambiar nuestra visión fatalista de la vida por una visión crística. No implica ello, dejar de vivir y sentir como cualquier mortal, se trata de cada día saber reconocer lo bueno de cada situación aunque en apariencia no lo parezca. No se trata de volvernos Santos, ni vivir en santidad como comúnmente pensamos que debe ser la vida contemplativa, no!, reconocer nuestro aspecto Divino nos aporta la confianza, la esperanza que todo cuanto debemos vivir tiene una razón de ser, que nada es desperdicio en nuestra existencia y, que eso que nos causa un profundo dolor, un duelo, una molestia, nos saca de nuestra zona de “confort” lleva consigo un aprendizaje, una lección de vida. Eso, es lo que implica para mi la Esperanza, la certeza de una realidad, la seguridad que todo pasa, nada es estático y todo tiene una razón para que ocurra, para avanzar, evolucionar; tal vez no lo vea en el instante porque mi parte humana se resiste a percibirlo, por ello, adquirí un práctica de mis hermanas, bendecir lo bueno de cuanto nos ocurre y pedir a Dios me permita verlo!.
En lo personal, la meditación de este domingo me lleva al encuentro con mi propio concepto de “Esperanza”, qué es para mi? cómo se manifiesta en mi vida esta virtud?. Debo confesar que mi meditación logró movilizar muchos aspectos neurálgicos de mi vida. Este ha sido un año de mucha dureza para mi, de despedidas, de cierres de ciclos, de renuncias…he tenido que decir adiós a personas, sueños, proyectos. Sin embargo, luego de leer las lecturas de Adviento,reconozco en el pueblo de Israel, una demostración de Esperanza inquebrantable, nada ni los mayores azotes lograron mermar su fe y sus deseos; considero que resulta digna de emular la Esperanza del pueblo Israelí, además de concluir que no es suficiente tener esperanza y confianza plena, es necesario accionar, mover los hilos de la voluntad, de la perseverancia; la esperanza por principio de lógica excluye el desamor, la inercia, la desidia, la falta de voluntad, la falta de caridad y de compromiso.
Deseo con todo mi corazón que cada ser humano en este planeta, logre encontrar, reconocer, avivar y mantener la preciosa virtud de la Esperanza, que la honre en su vida, que no se conforme con colorearla de “verde”, que le dé el color y los matices que mejor desee, que con cada inhalación de oxígeno recuerde que es un aliento de vida, que mientres respire todo, cualquier cosa puede suceder,que la Esperanza también le habla del derecho irrenunciable que tiene a esperar que los milagros ocurran en su vida, porque los milagros existen para transformarnos, mientras hay vida hay esperanza, eso lo hemos escuchado decir infinitamente y es así!.
LLenos de Esperanza esperemos y celebremos este año la Natividad y, perpetuemos ese espíritu de regocijo, amor, confianza y espera de lo mejor a lo largo de los días, semanas y meses venideros. Para cerrar mi reflexión deseo compartir la bellísima relación que hace Anselm Grün, en su libro ” Desafios para Vivir Mejor” de la Caridad y la Esperanza, cuando habla del Poder Sanador del Amor y señala: ” (omisis) La caridad está colmada de esperanza…para que Dios provoque lo bueno en él. A la inversa, toda esperanza verdadera requiere, en última instancia, de la caridad como su autentica razón primitiva. Sin caridad, la esperanza se convierte en mero optimismo. La caridad nos capacita para tener esperanza en medio de nuestras dudas y, a pesar de nuestras experiencias decepcionantes…hace que Dios tambien provoque el milagro de su amor y de esta manera nos transforme…”.
Feliz Domingo de Adviento e inicio de semana, recordando que el amor nunca muere. Con Dios estamos.
Saber reconocer una despedida….
octubre 20, 2009
“…Solo cuando nuestro tiempo posee la calidad de la despedida y del nuevo comienzo será un tiempo cumplido…” Anselm Grün. El Misterio del tiempo. El arte de vivir según la sabiduría de los monjes.
Esta madrugada, no serían más de las tres de la mañana, cuando terminé un proyecto de sentencia en la que trabajé a lo largo de muchas semanas, parece un contrasentido hablar de la justicia expedita, cuando para quienes laboramos en la administración de justicia se amÉrita en muchos casos, tiempo para decidir el destino de alguien, a quien no por casualidad la vida nos cruza en su vida para decidir por éste. Luego de leer varias veces mi decisión, sentí mucha tranquilidad, la satisfacción del deber cumplido y la sensación que siempre nos embarga cuando presentimos o tenemos la certeza de una despedida; no puedo decir que fuí sorprendida por esta sensación, ya hace tiempo me resulta familiar, tanto que ahora solo me pregunto a qué o a quien debo decir adios ahora?, que ciclo debo cerrar?.
Como respuesta a mi interrogante, indubitablemente surgió de mis adentros el aspecto profesional, laboral…e inmediatamente supe que debía comenzar a prepararme para cerrar mi ciclo en el Poder Judicial, despedirme de la actividad que con probidad, vocación, responsabilidad, honestidad pero sobretodo con mucho amor realizo desde lo que muy pronto serán 17 años, se dicen rápidos y faciles mis años de servicios, pero, cuando se miran en retrospectiva y bajo consciendudo balance, me doy cuenta que hice de la vida tribunalicia casi mi “modus vivendi”. Años en la jurisdicción penal, otros tantos en la jurisdicción de Protección, horas infinitas de guardias, censos penitenciarios, cientos y cientos de folios de expedientes, otros cientos más de ellos de revisión, sustanciación, horas de sueño, de llantos, de risas, de amistades bien ganadas, de enemigos gratuitos otros no tan “free”, mucha satisfacción, nostalgia por quienes ya nos están pero fueron trascendentales en mi formación laboral y personal, horas de luchas por reinvindicaciones laborales, tiempo de mi hija Fedora quien compartió su niñez con mi tiempo de carrera universitaria, con mi tiempo de amanuence…ufff! podría nunca acabar de contar lo que en casi 17 años de vida laboral he acumulado…sin embargo, tengo la certeza que mi tiempo de judicialidad ha caducado ó está por hacerlo, mi despedida forzosa o voluntaria se acerca y, pese a que mi parte humana se resiste y grita escandalozamente desde el miedo que así no sea, mi plano de consciencia sabe que debe proceder el cambio en mi vida, la transformación es un fenómeno que ha operado en los últimos dos años vividos, no entendía por qué, ahora lo sé, como también sé que todo cuanto deba cerrarse será para dar paso a mi bienestar, a mi crecimiento, a mi evolución, para lograr lo que deseo y merezco.
Saber reconocer una despedida, nos evita sufrimientos que exceden lo necesario…obviamente, toda despedida lleva implícita una ruptura, un cierre, un adios, un duelo y con ello sobreviene el dolor, el luto, nos preguntamos entonces…qué es lo que evitamos con saber cuando debemos despedirnos si de igual manera padeceremos, pues, llanamente reconocer despedirnos a tiempo, teniendo el sentido de oportunidad para ello no alargará más de lo justo esa sensación de pérdida, de temor, de inseguridad a lo próximo por llegar, a dudar si efectivamente llegará.
Leyendo a Anselm Grün y su libro ” El Misterio del Tiempo. El arte de vivir según la sabiduría de los monjes”, de donde extraje la cita que encabeza mi post, encontré hace semanas atras lo siguiente: “…sin despedida y nuevo comienzo, el tiempo será aburrido. Será siempre igual. No se resuelve nada. Sin despedida arrastro el pasado conmigo. Y, en algún momento, el peso será excesivo. El tiempo se renueva si me despido del pasado para comenzar lo nuevo intacto...”, cuando leí estas lindas y sabias líneas de Grün, las contextualice en mi ámbito personal, esta madrugada al recordarlas las extrapole a mi ámbito laboral y concluí que sin lugar a dudas emprendí el camino para despedirme de un Tribunal, no sé si del Derecho, es una de mis pasiones el mundo jurídico, lo que no puedo decir de mi primera carrera universitaria, la que con cierto pesar, pero, sin remordimiento afirmo ahora solo engrosa mi bagaje académico.
El derecho trajo a mi vida las mejores cosas, oportunidades maravillosas de desempeño laboral, de adquirir conocimientos, de conocer personas brillantes y púlidas juridicamente hablando…otras que ciertamente avergüenzan al gremio, pero, que nunca harán mayor peso ante lo beneficioso obtenido. El derecho, me condujo más allá del sendero de la profesionalización, conocí a Marcos cuando ambos estudiabamos la carrera, la hicimos juntos desde el primer año hasta lanzar nuestros birretes al aire en el mismo acto de grado, nos enamoramos, vivimos juntos durante diez años, nos casamos para vivir casi ocho años de matrimonio, llegó María Aurora a nuestras vidas y, hoy a pesar de estar divorciados, ambos recordamos lo que la facultad de derecho a parte del titulo nos concedió como un “plus”. El derecho me regaló la oportunidad de ingresar a la Escuela Nacional de la Magistratura, para formación de Jueces, lo que como regalo extraordinario de la vida, me daría un denominador común con el ser más increíble y especial de mi vida luego de mis tesoros, por muchas cosas más sé con certeza que mi despedida del mundo tribunalicio está escrito, más no puedo asegurarlo del mundo jurídico….
Cuando llegue el momento de cerrar ese ciclo, le pido a Diosito, me regale la fortaleza, la confianza, pero sobretodo la inmensa felicidad de retirarme con la plena satisfacción de quien dió lo mejor de sí a lo largo de todos estos años, que a pesar de ser considerada como reaccionaria, contestataria, rebelde, pero, nunca irrespetuosa, grosera, deshonesta, injusta o ignorante del derecho,coseche el reconocimiento de compañeros de jornada, de superiores, del usuario, tal vez mi despedida no sea tan inminente como presiento, tal vez Dios tenga para mi aún algo más para regalarme dentro del Despacho Judicial…pero lo importante ahora es que ésta madrugada supe reconocer que la despedida a los días de despacho, más tarde ó más temprano llegará y no me tomará por sorpresa…
Con Dios estamos.