Una Película para reflexionar….
abril 17, 2009
Hace días quería escribir este post; debo confesar que aunque me encanta el cine, dedico muy poco de mi tiempo a ver los films que llenan las carteleras de las salas de cine, muchos dirían que no lleno los supuestos para calificarme de cinéfila, pero aún así el séptimo arte es uno de los recursos a los que apelo para hacer catarsis en mi vida y de verdad lo disfruto al máximo.
Vi recientemente REVOLUTIONARY ROAD, una película que sin ánimos de asumir el rol de crítico de cine, me pareció un adagio pero sin hacerme perder el interés de la trama. La actuación de Di Caprio, la resumo en ” buena, lo he visto en mejores” y la de Winslet en “muy buena, con mayor consistencia que la de Leonardo”. Lo que ciertamente reconozco y ,por ello quise escribir, es en cuanto al argumento del guión, el tratamiento psicológico de los personajes, de la trama. Tal vez el tema es trillado; los estudios cinematográficos estarán hartos de describir el “modus vivendi” americano, pero, ¿ qué encontré diferente en esta película?…el tratamiento de la individualidad.
La historia me parece inoficiosa narrarla, con la reciénte entrega del Premio de la Academia, ya muchos se actualizan y conocen de las nóminaciones, pero, de manera suscinta reseño el argumento… versa sobre las vicisitudes de un joven matrimonio americano en los años cincuenta; cada uno de ellos con razgos muy particulares de personalidad y, con sus propios sueños y anhelos por cumplir.
Que me llevó a la reflexión en esta película? Pues, inicialmente que muchas personas llegan a pensar en algún momento de sus vidas, que el matrimonio es la panacea a todos sus males; que la condición de “casados” es un boleto en primera clase para volar a la felicidad, el medio para alcanzar sus sueños, que sus cargas se hacen más ligera si la comparten con quien eligen desposarse, que ser feliz es la sumatoria de la felicidad de ambos. En segundo lugar, en la dificultad de reconocer, enfrentar y satisfacer nuestros propios deseos, los muy personales, involucrando a nuestra pareja. En tercer lugar, y ciertamente la situación que realmente me dejó pensando con mayor enfásis al terminar la película, como la esencia, la individualidad de cada uno de los miembros de la pareja se disipa, se abstrae en la cotidianidad, en el supuesto “deber ser” y se convierten en un par de infelices para ser unos presuntos “felices casados”.
La vida matrimonial no es fácil escuchamos decir y, de alguna manera es cierto, tomando en consideración que por lo general el elemento cultural hace un peso enorme en nuestros países latinoamericanos. Podemos afirmar que la generalidad habla de matrimonios que se consuman antes que cualquiera de los cónyuges cumpla los treinta años de edad; nuestros matrimonios responden a la creencia que el amor es lo único que se necesita para llegar al casamiento, o que “nos necesitamos” y ambos se convierten en la muleta del otro, podemos en algunos casos por no decir la mayoría, contraer nupcias aún cursando estudios superiores ó recien culminando estudios de postgrado, los hijos por lo general llegan como producto de un “pelón” del método anticonceptivo ó porque hay que asegurar la descendencia lo más pronto posible!, imaginate los abuelos esperan los nietos! o en los peor de los casos no queremos parecer los abuelos de nuestros propios hijos…en fín!, nos desposamos sin antes cubrir nuestras metas muy personales!
La dificultad de la vida matrimonial estriba en la menudencia que tal vez no estamos preparados para la vida en común, cuando ni siquiera lo estamos para realizar nuestra propia vida!, llegamos al matrimonio en muchos casos sin alcanzar la plenitud de nuestro ser, sin llegar a desarrollarnos de manera individual, es cierto, puede que en el camino común logremos algunas de nuestras metas personales, con mayor o menor dificultad pero lo logramos, pero, a veces el costo es alto muy alto; puede que a motus propio hagamos de nuestros sueños objeto de un trueque, los cambiamos por la estabilidad marital o familiar…y nos sentimos recompensados, pero lo cierto es que siempre el proceso perfecto de la vida nos detiene en un paraje del andar y nos exige lo que no dimos de nosotros mismos; abrimos los ojos a la realidad y reconocemos que ya es tarde, o no es posible hacer lo que de verdad queremos porque las exigencias son otras y comenzamos a transitar nuestros calvarios… nos sentimos egoistas, por querer hacer lo que personalmente en el fondo sentimos y deseamos y que ni siquiera la pareja, los hijos, la familia nos compensa. El film lo recrea muy pero muy bien, demasiado fatalista, pero muy bien.
Creo fervientemente en la institución matrimonial, no a ultranza! creo en el matrimonio cuando esté se inicia, se alimenta, se sustenta y se hace sostenible desde el verdadero amor, desde el amor que implica no sólo amar fisica, emocional y espiritualmente a nuestra pareja, sino además respetar la individualidad del otro, reconocer que todos llevamos nuestro propio equipaje en este tránsito por la vida, que en un momento determinado decidimos compartir la caminata junto a alguien, pero que esa maleta, la llenamos de sueños, anhelos, deseos, proyectos muy propios y que sin lugar a dudas aspiramos realizar de manera individual.
El matrimonio no puede ser el mecanismo para adquirir de por vida el derecho que creemos tener sobre alguien, no nos hipotecamos con la firma del acta de esponsales, si bien es cierto durante la vida matrimonial, sea de un día o mil años, construimos y alimentamos experiencias de vida en común, me pregunto ¿ en realidad cuántos de nosotros edificamos, cuántos nos preocupamos por cultivar y nutrir el amor que en principio nos lleva a unirnos a alguien? ¿Cuántos somos capaces de reconocer con responsabilidad y de manera profiláctica que ha llegado el momento de detener la vida en común, porque se sabe a ciencia cierta o se intuye que no existe el lazo sentimental que nos unió en otrora? ¿Cuántos somos capaces desde el amor asumir con valentía que es hora de permitir que el otro continúe por un camino diferente al nuestro para su propia felicidad?
Definitivamente, la película desencadenó en mi una vorágine de sensaciones, despertó la necesidad de encontrar respuestas a muchas interrogantes, pero, lo más importante es que vino a ratificar lo que siempre he sabido…El matrimonio no es la vía para la realización personal, no es el camino a la felicidad! El matrimonio debe ser a mi entender un espacio compartido para demostrar que se es feliz!, que cada miembro de la pareja siendo feliz de manera individual, se permite comulgar con la felicidad del otro. No existe matrimonio si no hay relación de pareja, si no sentimos de corazón que ese otro nos complementa, nos llena, nos hace pleno, es capaz de generarnos las emociones y sentimientos que nos aceleren el cuerpo y el espíritu e indubitablente si no respetamos el derecho del otro a ser y hacer.
Bien lo dice Buscaglia….el amor requiere esfuerzos! la labor de cultivarlo, de alimentarlo y nutrirlo, de fortalecerlo, de permitirle sus espacios de ocio o de actividad enriquecedora, hasta de reconocer que ha cumplido un ciclo en nuestra vida y que debe transformarse, que no se marcha, nunca deja de estar el amor en nuestra existencia…sólo que asume otras formas sin que represente que se deba mantener lo que ya no es un amor de pareja. La protagonista recreó de manera muy radical, lo que significa ser un espiritu aprisionado, coartado…un final muy triste existiendo alternativas menos dura y aleccionadoras.
Una película para reflexionar……