Hace días quería escribir este post; debo confesar que  aunque me encanta el cine, dedico muy poco de mi tiempo a ver los films que llenan las carteleras de las salas de  cine, muchos dirían que no lleno los supuestos para calificarme de cinéfila, pero aún así el séptimo arte es uno de  los recursos a los que apelo para hacer catarsis en mi vida y de verdad lo disfruto al máximo.

Vi recientemente REVOLUTIONARY ROAD, una película que sin ánimos de asumir el rol de crítico de cine, me pareció un adagio pero sin hacerme perder el interés de la trama. La actuación de Di Caprio, la resumo en ” buena, lo he visto en mejores” y la de Winslet  en “muy buena, con mayor consistencia que la de Leonardo”. Lo que ciertamente reconozco y ,por ello quise escribir, es en cuanto al argumento del guión, el tratamiento psicológico de los personajes, de la trama. Tal vez el tema es trillado; los estudios cinematográficos estarán hartos de describir el “modus vivendi” americano, pero, ¿ qué encontré diferente en esta película?…el tratamiento de la individualidad.

La historia me parece inoficiosa narrarla, con la reciénte  entrega del Premio de la Academia, ya muchos  se actualizan y conocen de las nóminaciones, pero, de manera suscinta reseño el argumento… versa sobre las vicisitudes de un joven matrimonio americano en los años cincuenta; cada uno de ellos con razgos muy particulares de personalidad y, con sus propios  sueños y anhelos por cumplir.

Que me llevó a la reflexión en  esta película? Pues, inicialmente que  muchas personas llegan a pensar en algún momento de  sus vidas, que el matrimonio es la panacea a todos sus males; que la condición de “casados” es un boleto en primera clase para volar a la felicidad, el medio para alcanzar sus sueños, que  sus cargas se hacen más ligera si la comparten con quien eligen desposarse, que ser feliz es la sumatoria de la felicidad de ambos. En segundo lugar, en la dificultad de reconocer, enfrentar y satisfacer  nuestros propios deseos, los muy personales,  involucrando a nuestra pareja. En tercer lugar, y ciertamente  la situación que realmente me dejó pensando con mayor enfásis al terminar la película, como la esencia, la individualidad de cada uno de los miembros de la pareja se disipa, se abstrae en la cotidianidad, en el supuesto “deber ser” y se convierten en un par de infelices para ser unos presuntos “felices casados”.

La vida matrimonial no es fácil escuchamos decir y, de alguna manera es cierto, tomando en consideración que por lo general el elemento cultural hace un peso enorme en nuestros países latinoamericanos. Podemos afirmar que la generalidad habla de matrimonios que se consuman antes que cualquiera de los cónyuges cumpla los treinta años de edad; nuestros matrimonios responden a la creencia que el amor es lo único que se necesita  para llegar al casamiento, o que “nos necesitamos” y ambos  se convierten en la muleta del otro, podemos en algunos casos por no decir la mayoría, contraer nupcias aún cursando estudios superiores ó recien culminando estudios de postgrado, los hijos por lo general llegan como producto de un “pelón” del método anticonceptivo ó porque hay que asegurar la descendencia lo más pronto posible!, imaginate los abuelos esperan los nietos! o en los peor de los casos no queremos parecer los abuelos de nuestros propios hijos…en fín!, nos desposamos sin antes cubrir nuestras metas muy personales!

La dificultad de la vida matrimonial estriba en la menudencia que  tal vez no estamos preparados para la vida en común, cuando ni siquiera lo estamos para realizar nuestra propia vida!, llegamos al matrimonio en muchos casos sin alcanzar la plenitud de nuestro ser, sin llegar a desarrollarnos de manera individual, es cierto, puede que en el camino común logremos algunas de nuestras metas personales, con mayor o menor dificultad pero lo logramos, pero,  a veces el costo es alto muy alto;  puede  que a motus propio hagamos de nuestros sueños objeto de un trueque, los cambiamos por la estabilidad marital o familiar…y nos sentimos recompensados, pero lo cierto es que siempre el proceso perfecto de la vida nos detiene en un paraje del andar y nos  exige lo que no dimos de nosotros mismos; abrimos los ojos a la realidad y reconocemos que ya es tarde, o no es posible hacer lo que de verdad queremos porque las exigencias son otras y comenzamos a transitar nuestros calvarios… nos sentimos egoistas, por querer hacer lo que personalmente  en el fondo sentimos y deseamos y que ni siquiera la pareja, los hijos, la familia nos compensa. El film lo recrea muy pero muy bien,  demasiado fatalista, pero muy bien.

Creo fervientemente en la institución matrimonial, no a ultranza! creo en el matrimonio cuando esté se inicia, se alimenta, se sustenta y se hace sostenible desde el verdadero amor, desde el amor que implica no sólo amar fisica, emocional y espiritualmente a nuestra pareja, sino además respetar la individualidad del otro, reconocer que todos llevamos nuestro propio equipaje en este tránsito por la vida, que en un momento determinado decidimos compartir la caminata junto a alguien, pero que esa maleta, la llenamos de sueños, anhelos, deseos, proyectos muy propios y que sin lugar a dudas aspiramos realizar de manera individual.

El matrimonio no puede ser el mecanismo para adquirir de por vida el derecho que creemos tener  sobre alguien, no nos hipotecamos con la firma del acta de esponsales, si bien es cierto durante la vida matrimonial, sea de un día o mil años, construimos y alimentamos experiencias de vida en común, me pregunto ¿ en realidad cuántos de nosotros edificamos, cuántos nos preocupamos por cultivar y nutrir el amor que en principio nos lleva a unirnos a alguien? ¿Cuántos somos capaces de reconocer con responsabilidad y de manera profiláctica que ha llegado el momento de detener la vida en común, porque se sabe a ciencia cierta o se intuye que no existe el lazo sentimental que nos unió en otrora? ¿Cuántos somos capaces desde el amor asumir con valentía que es hora de permitir que el otro continúe por un camino diferente al nuestro para su propia felicidad?

Definitivamente, la película desencadenó en mi una vorágine de sensaciones, despertó la necesidad de encontrar respuestas a muchas interrogantes, pero,  lo más importante es que vino a ratificar lo que siempre he sabido…El matrimonio no es la vía para la realización personal, no es el camino a la felicidad! El matrimonio debe ser a mi entender un espacio compartido para demostrar que se es feliz!, que cada miembro de la pareja siendo feliz de manera individual, se  permite comulgar con la felicidad del otro. No existe matrimonio si no hay relación de pareja, si no sentimos de corazón que ese otro nos complementa, nos llena, nos hace pleno, es capaz de generarnos las emociones y sentimientos que nos aceleren el cuerpo y el espíritu e indubitablente si no respetamos el derecho del otro a ser y hacer.

Bien lo dice Buscaglia….el amor requiere esfuerzos! la labor de cultivarlo, de alimentarlo y nutrirlo, de fortalecerlo, de permitirle sus espacios de ocio o de actividad enriquecedora, hasta de reconocer que ha cumplido un ciclo en nuestra vida y que debe transformarse, que no se marcha, nunca deja de estar el amor en nuestra existencia…sólo que asume otras formas sin que represente que se deba mantener lo que ya no es un amor de pareja. La protagonista recreó de manera muy radical, lo que significa ser un espiritu aprisionado, coartado…un final muy triste existiendo alternativas menos dura y aleccionadoras.

Una película para  reflexionar……

Anoche, leyendo  por curiosidad “El libro de la Mujer” de Osho, un libro que en honor a la verdad desconozco como vino a parar a mi biblioteca porque en lo particular no me siento identificada con la filosofía del autor, encontré entre sus líneas una cita de  Khalil Gibran que dice ” Sed como dos pilares que sustentan el mismo techo, pero no empecéis a poseer el otro, dejad  al otro independiente. Sustentad el mismo techo, ese techo es el amor.”
No pude dejar de meditar sobre el contenido de la frase del poeta libanés y que cita Osho en un capítulo que versa sobre las “relaciones.” Inmediatamente me  enganché y seguí leyendo las páginas de ese particular libro;  llegué a líneas que de manera esparcidas en el texto  literalmente pueden leerse “…La familia no tiene futuro, no como se ha entendido hasta ahora. Lo que si tiene futuro es el amor y las relaciones amorosas…y cuando monopolizas a una mujer o a un hombre, tambien monopolizas a los niños…la idea entera de la familia es una idea de posesión: posees propiedades, posees una mujer, posees un hombre, posees unos niños, y la posesión es un veneno…
Por supuesto mi primera reacción fue encender mis  sistemas  de alarmas, por Dios eso atenta contra lo que sé y conozco de la institución familiar! pero,  me detuve…concluí que no era tan descabellado lo que leía.
Adminículando ambas citas,  de manera  inmediata  traté de recordar
cúantas veces escuché decir a un sinnúmeros de parejas en conflictos ” él o ella cree que soy de su propiedad” ó ” es mi hijo o hija y, debe hacer lo que yo diga”. Irremediamente caí en el terreno de lo personal  y me  pregunté ¿cúantas veces creí ser poseedora de los afectos de mi vida o cúantas veces fuí objeto de posesión por parte de quienes dicen o decían amarme?.
Sed como pilares que sustentan el mismo techo...no tiene otra significación para mi, que no sea que mantengamos nuestras individualidades, seamos dueños de nosotros mismos, cada uno de los miembros del núcleo familiar sea del tipo que sea, y aún de la pareja debe ser un miembro particularizado  y no una extensión de otro.
Sólo conociéndonos, sabiendo lo que realmente somos, podremos perfilarnos como un ser único e irrepetible que por voluntad propia se hizo columna para servir de cimiento al amor; para unir su particularidad a la  corresponsabilidad de vivir en y desde el amor experiencias compartidas, desempeñando el rol que asumimos  amorosamente ejercer como esposa, esposo, madre, padre, hijo, hija y sobretodo  respetando la libertad de ser de cada uno del resto.
Si comprendemos que nadie pertenece a nadie, que el amor no  genera derechos y por ende no nos  faculta para  poseer a otro, ni por los años compartidos, ni en virtud de la  coparentalidad ,  tal vez encontremos la solución a muchos de los conflictos familiares que hoy nos aquejan y ,en definitiva comencemos a ser seres LIBRES y a respetar la libertad de quienes nos rodean. Esto podría ser y digo “podría” , porque no pretendo tener la verdad absoluta sobre ello, el inicio de la construcción de un mejor mundo y la partida para una  generación de seres humanos definitivamente felices.
La cita de Khalil Gibran será una acompañante constante en mis sucesivos encuentros con quienes  en mi día a día laboral  acuden a dirimir sus  conflictos matrimoniales y/ o familiares ante el órgano jurisdiccional y una eterna acompañente en mi vida personal.
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