Una vez más el realismo-mágico de Gabriel García Márquez…”El Amor en tiempos de Cólera”
enero 31, 2010
Sin que resulte una fijación, ni un estado morboso de mi parte, perdí la cuenta de las veces que he visto la película ” El Amor en tiempos de Cólera“, basada en el libro que lleva el mismo nombre del Premio Nobel de Literatura colombiano Gabriel García Márquez , conocido afectuosamente en el mundo literario como “Gabo“; lo leí una vez; no era mío lo devolví y nunca lo compré, bastó una vez para leer la obra y unas diez veces ver el film, hoy fue una de ellas, para comprender que el realismo-mágico de García Márquez plasmado en esta obra es un ideal que la mayoría, por no decir todos, atesoramos… encontrar el amor de nuestra vida y esperar por el llevando la cuenta de cada año, cada mes, cada día, cada hora que transcurre en esa espera infinita, pero, que no desanima.
Luego de deleitarme otra vez con la fotografía de la película, las locaciones, impregnarme del encanto de la época y la geografía, hacer de su soundtrack una crisálida de melodías y envolverme en ella, desmenuzar sus díalogos y entrar en el mundo de sus personajes, gane aprendizajes de vida; comprendí que el intenso colombiano con este libro, fue capaz de reproducir de manera fluída y sencilla, lo esencial de la vida…el amor como base de nuestra existencia; comprobar que el amor y la fidelidad son compañeros de causa, pero, ciertamente no de circunstacias y, que la pasión es arrebato de hormonas, piel y ganas mientras el amor es sentimiento de pensamientos y voz baja.
Comparto un extracto del final de la obra escrita, para mi contiene la filosofía y motivación de “Ariza”; lo que lo mantuvo simpre presto y dispuesto a esperar sin desesperanza que el día de consumar su amor con Fermina llegaría…y asi corrió el tiempo, el mundo continuaba su marcha constante, el tiempo su carrera inexorable a lo largo de cincuenta y tres años, siete meses y once días… con sus noches!…
”..Florentino Ariza lo escuchó sin pestañear. Luego miró por las ventanas el círculo completo del cuadrante de la rosa náutica, el horizonte nítido, el cielo de diciembre sin una sola nube, las aguas navegables hasta siempre, y dijo:
-Sigamos derecho, derecho, derecho, otra vez hasta La Dorada.
Fermina Daza se estremeció, porque reconoció la antigua voz iluminada por la gracia del Espíritu Santo, y miró al capitán: él era el destino. Pero el capitán no la vio, porque estaba anonadado por el tremendo poder de inspiración de Florentino Ariza.
-¿Lo dice en serio? -le preguntó.
-Desde que nací -dijo Florentino Ariza-, no he dicho una sola cosa que no sea en serio.
El capitán miró a Fermina Daza y vio en sus pestañas los primeros destellos de una escarcha invernal. Luego miró a Florentino Ariza, su dominio invencible, su amor impávido, y lo asustó la sospecha tardía de que es la vida, más que la muerte, la que no tiene límites.
-¿Y hasta cuándo cree usted que podemos seguir en este ir y venir del carajo? –le preguntó.
Florentino Ariza tenía la respuesta preparada desde hacía cincuenta y tres años, siete meses y once días con sus noches.
-Toda la vida –dijo…”.
Hasta la próxima, el amor nunca muere. Con Dios estamos.